Hoy, como casi todos los días, un paciente vuelve a decirme lo mismo:
“Las comidas las hago bien… pero a media tarde empiezo con el come come. El trabajo me aprieta, los niños no paran, la casa, todo… y acabo comiendo.”
No es falta de fuerza de voluntad. Es una respuesta humana.
Cuando aparece el estrés, la tristeza o la ansiedad, el cuerpo busca alivio rápido. Y la comida—sobre todo la más apetecible—activa ese “botón” inmediato de bienestar. Desde la Psicología de la alimentación, esto tiene nombre: Alimentación emocional. No comes por hambre física, comes para sentirte mejor.
Y funciona… pero poco tiempo. Después vuelve el malestar, y muchas veces se suma la culpa.
Aquí es donde suele fallar el enfoque: intentar “dejar de comer” sin ofrecer una alternativa real. Porque si la comida es tu única vía de escape, vas a volver a ella.
Entonces, ¿qué sí funciona en la vida real?
No necesitas hacerlo perfecto, necesitas hacerlo posible.
1. Detecta el momento clave (no todo el día)
No es “todo el día como mal”. Es ese momento concreto (por ejemplo, 18:00h). Ahí está la oportunidad.
2. Pon una pausa mínima (2-5 minutos)
Antes de comer, no te prohíbas nada. Sólo retrásalo un poco y pregúntate:
– “¿Qué me pasa ahora mismo?”
Cansancio, estrés, saturación… ponle nombre.
3. Ten 2 alternativas preparadas (reales, no ideales)
No algo perfecto, algo que puedas hacer incluso sin ganas:
- Salir a dar una vuelta corta
- Ducharte
- Llamar a alguien
- Cambiar de espacio
- Respirar 2 minutos sin hacer nada
Si después de eso quieres comer, come. Pero ya no es automático. Y si puedes, ten a mano tentempiés saludables, como queso fresco con un poquito de albahaca, jamón ibérico, chocolate sin leche, batidos o helados naturales con frutas…
4. Reduce la presión, no la aumentes
Cuanto más rígido es el “tengo que hacerlo perfecto”, más fácil es perder el control cuando algo falla.
5. Hazte esta pregunta clave
– “¿Esto que siento se soluciona con comida o necesito otra cosa?”
No se trata de eliminar la comida como recurso. Se trata de que no sea el único.
Porque el cambio real no está en controlar más, sino en entender mejor lo que te pasa y tener más herramientas para gestionarlo.
Y eso, paso a paso, sí se puede entrenar.
Trabajar esto acompañada funciona mucho mejor que a solas. Si te viene bien la consulta presencial, aquí hay una comparativa de nutricionistas en Móstoles por precio y especialidad.
