Vivimos en una época en la que los hidratos de carbono parecen estar casi demonizados. Sin embargo, antes de eliminarlos de nuestra alimentación, conviene entender cuál es su verdadera función y por qué son nutrientes esenciales para nuestra salud.

Los hidratos de carbono constituyen la principal fuente de energía de nuestro organismo. Todos nuestros órganos, especialmente el cerebro y los músculos, dependen de ellos para funcionar correctamente. Son el combustible que permite que nuestro cuerpo arranque y realice sus funciones diarias con normalidad.

Pero su papel va mucho más allá de aportar energía. Intervienen en la formación de material genético, participan en la síntesis de determinadas hormonas, contribuyen al correcto funcionamiento del sistema nervioso y forman parte de numerosas estructuras celulares. Además, son fundamentales para el adecuado metabolismo de otros nutrientes, como las proteínas y las grasas.

Qué pasa si los eliminas

Nuestro organismo dispone de unas reservas de glucógeno almacenadas en hígado y músculos, que le permiten mantener el suministro de energía durante un tiempo. Sin embargo, estas reservas son limitadas y, cuando se agotan, el cuerpo comienza a buscar otras fuentes de combustible.

Si la restricción se prolonga durante varios días, el organismo puede recurrir a la masa muscular para obtener la glucosa que necesita, favoreciendo la pérdida de músculo y comprometiendo el rendimiento físico, la recuperación y, a largo plazo, la salud. Además, este proceso supone un importante estrés metabólico.

Entonces, ¿hay que tomarlos?

Sí. La cuestión no es eliminarlos, sino consumir la cantidad y el tipo adecuados para cada persona. Las necesidades varían en función de la edad, el nivel de actividad física, el estado de salud, la presencia de determinadas patologías y los objetivos individuales.

Del mismo modo que un déficit puede resultar perjudicial, un exceso de hidratos de carbono también puede favorecer el almacenamiento de energía en forma de grasa corporal cuando supera nuestras necesidades.

Como ocurre con la mayoría de los aspectos relacionados con la nutrición, la clave está en el equilibrio. No existen alimentos buenos o malos por sí solos, sino dietas mejor o peor adaptadas a cada persona.

La mejor dieta no es la más restrictiva, sino la que puedes mantener mientras cuida de tu salud.

¿Te suena? En consulta trabajamos esto paso a paso, sin dietas imposibles. Cuéntame tu caso.

Ajustar cantidades sin pasarte requiere criterio. Si prefieres que te lo revise alguien en persona, aquí tienes una comparativa de nutricionistas en Móstoles.