Pues empezamos con el lunes, y con él, la rutina y la lucha semanal. Si madrugar es un trago para todos, intenta despegarle las sábanas a dos niños de 6 y 8 años que no hay manera de que se acuesten antes de las 22:30–23:00 ningún día. Y consigue que desayunen.
La leche, factor imprescindible que no puede faltar nunca. Para uno de mis hijos tiene que ser vegetal enriquecida en calcio y vitaminas A y D, porque le han restringido la leche, aunque afortunadamente se la toma genial y nunca ha puesto ninguna pega.
Así que leche y…¿qué? Los fines de semana consigo, al desayunar todos juntos, que además coman pan con aceite, mermelada… pero entre semana ese plan es INVIABLE. Así que la opción más rápida y efectiva que encontré fueron los cereales en polvo, los que toman los bebés en las papillas. A ellos les encantan y consigo que pasen la mañana hasta el recreo con buena energía. Luego en el recreo, una porción de fruta y pan con jamón York.
Después, a la salida, comienza la guerra de la comida, pero esa es otra historia…
