Pues ya ha llegado el día. Ese día tan deseado por unos y tan temido por otros (como yo): las vacaciones de verano de mis hijos. ¿Qué hacer cuando dos terremotos con pilas infinitas toman el control de tu casa? Toca planificar horarios, mantenerlos entretenidos, evitar que abusen de la televisión y, si es posible, conseguir que te dejen trabajar sin llamarte 25 veces por minuto.
Y luego está la gran pregunta: ¿qué hacemos de comer? Encontrar el equilibrio entre una alimentación saludable, las distintas alergias y los gustos de cada uno es casi un trabajo de ingeniería. Intento optar por platos prácticos, rápidos y con buena variedad de nutrientes: legumbres un par de veces por semana, ensaladas camperas, algún plato de pasta y muchas verduras con proteína. Para las cenas, opciones ligeras: huevos, pescado blanco, hamburguesas caseras.
Una buena planificación de los menús puede marcar la diferencia entre el caos absoluto y una convivencia razonablemente feliz.
Mucho ánimo a tod@s los que os sintáis identificados. Aunque ahora parezca que quedan semanas interminables, también pasa. Intentemos verlo como un pequeño empujón de locura concentrada que también nos regala momentos únicos. Respiremos hondo, planifiquemos lo que podamos, improvisemos cuando toque y disfrutemos del viaje. Porque, al final, sobreviviremos a otro verano más. ¡A por ello!
