Con el calor, nuestro cuerpo nos pide beber casi a todas horas. Sin embargo, el agua no siempre es nuestra primera opción y empezamos a buscar bebidas con más sabor que, en muchas ocasiones, no son las más saludables.

Los zumos de fruta

Pueden parecer una buena elección, pero suelen aportar una gran cantidad de azúcares y apenas contienen fibra. Siempre será mejor optar por licuados o batidos que conserven la pulpa, ya que esa fibra ayuda a ralentizar la absorción de los azúcares, favorece la saciedad y evita picos de glucosa que pueden hacer que volvamos a tener hambre poco después.

Los refrescos

No hace falta demonizarlos. La clave está en saber elegir y consumirlos de forma ocasional. Si la alternativa es un refresco azucarado, las versiones sin azúcar pueden ser una opción razonable. Aunque no sean del gusto de todo el mundo, son preferibles cuando el abanico de bebidas disponibles es limitado.

El alcohol

Lo mismo ocurre con otras bebidas habituales en verano, como el tinto de verano o la cerveza. Conviene reservarlas para momentos puntuales y recordar que el alcohol no hidrata; de hecho, puede favorecer la deshidratación.

Alternativas caseras y refrescantes

  • Infusiones preparadas en frío con unos cubitos de hielo
  • Agua aromatizada con rodajas de limón, naranja, pepino o unas hojas de menta
  • Granizados de fruta caseros sin azúcar añadido
  • Batidos de leche o yogur desnatado, fruta fresca y un toque de canela

Existen muchas formas de mantenernos bien hidratados, combatir las altas temperaturas y disfrutar de bebidas sabrosas sin renunciar a cuidar nuestra salud.

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