Últimamente muchos pacientes me preguntan si es mejor el ayuno intermitente, especialmente cuando sienten que tienen un «metabolismo lento». Lo primero: el ayuno intermitente puede ser una herramienta válida en algunos casos, pero no es superior a otras estrategias con déficit calórico. Lo importante no es tanto el «cuándo comes», sino el conjunto de hábitos que puedas sostener en el tiempo.

Por ejemplo, un ayuno de 12–16 horas (como cenar a las 20:00 y desayunar a las 8:00) puede ayudar a algunas personas a organizar mejor su alimentación o a reducir el picoteo. Durante ese periodo el cuerpo utiliza la glucosa circulante y las reservas de glucógeno. También se produce la autofagia, un proceso mediante el cual las células «reciclan» los componentes dañados para renovarse, favoreciendo la desinflamación y mejorando la sensibilidad a la insulina.

No comer no significa no beber. Agua, infusiones o café ayudan a evitar mareos y a mantener el organismo funcionando.

¿Es para todo el mundo? No. No es recomendable en personas con ansiedad elevada por la comida, trastornos de la conducta alimentaria, niños, personas mayores o quienes experimentan malestar al pasar muchas horas sin comer. Cada persona responde de forma distinta. El objetivo debería ser encontrar la estrategia que mejor se adapte a ti, a tu contexto y a tu relación con la comida.

¿Te suena? En consulta trabajamos esto paso a paso, sin dietas imposibles. Cuéntame tu caso.