Los martes tienen una energía distinta. No sé si es que el cuerpo ya empieza a aceptar que la semana va en serio, pero todo se siente un poquito más llevadero. La rutina es la misma, pero se afronta con otra actitud.

Ayer, por ejemplo, di el alta a una paciente que llevaba conmigo dos años: uno de tratamiento y otro de mantenimiento. Cuando terminamos, le dije algo que llevaba tiempo deseando decirle: «ya estás preparada para volar sola».

Ella llevaba toda la vida luchando contra los kilos. Desde niña, su historia había sido una sucesión de dietas, restricciones y recuperaciones. Pero esta vez era diferente. Esta vez había encontrado el equilibrio.

La solución nunca ha sido dejar de comer. La clave está en aprender a vivir sin castigarse.

Porque la solución nunca ha sido dejar de comer, ni evitar celebraciones, ni renunciar a una torrija deliciosa. La clave está en aprender a vivir el día a día sin castigarse. Esto es una carrera de fondo, y lo importante no es llegar rápido, sino llegar bien. Y ella lo había logrado. Por eso adoro la nutrición. ¿Qué más puedo pedir?